La resistencia a la insulina es uno de los desequilibrios metabólicos más frecuentes en la población adulta y, al mismo tiempo, uno de los más infradiagnosticados. Muchas personas descubren que la padecen tras una analítica rutinaria o cuando ya existen alteraciones en los niveles de glucosa. Otras conviven durante años con síntomas poco específicos sin saber que detrás puede haber un problema en la forma en que su organismo maneja el azúcar.
La insulina es una hormona clave en el metabolismo. Permite que la glucosa pase de la sangre al interior de las células para ser utilizada como fuente de energía. Cuando este mecanismo se altera, el cuerpo necesita producir cada vez más insulina para conseguir el mismo efecto. Durante un tiempo, el sistema compensa. Sin embargo, ese esfuerzo sostenido puede acabar teniendo consecuencias.
En muchos casos, el problema empieza mucho antes de que la glucosa se eleve de forma clara. Por eso es importante prestarle atención cuando aparece en una analítica. Cuanto antes se actúe, más margen existe para corregir el desequilibrio.
¿Qué es exactamente la resistencia a la insulina?
La resistencia a la insulina es una alteración metabólica en la que las células del organismo —principalmente músculo, hígado y tejido adiposo— responden de manera menos eficaz a la acción de la insulina. Esto significa que, aunque la hormona esté presente en sangre, su capacidad para facilitar la entrada de glucosa en las células está disminuida.
Como consecuencia, el páncreas aumenta la producción de insulina para mantener los niveles de glucosa dentro de la normalidad. Esta fase puede prolongarse durante años sin que la glucosa en ayunas aparezca alterada en una analítica básica. Sin embargo, ya existe un esfuerzo pancreático mantenido que no es inocuo.
Cuando la capacidad compensadora del páncreas se agota, comienzan a elevarse los niveles de glucosa y se entra en el terreno de la prediabetes y, posteriormente, de la diabetes tipo 2. Por eso la resistencia a la insulina no debe interpretarse como un dato aislado, sino como una fase temprana de un proceso metabólico que puede progresar si no se interviene.