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Hipertensión arterial: qué es, síntomas, causas y tratamiento de la tensión alta

jueves, 26 de febrero de 2026

La hipertensión arterial es uno de los diagnósticos más frecuentes en consulta médica y, al mismo tiempo, uno de los que más desapercibido puede pasar durante años. Muchas personas viven con cifras elevadas de presión sin notar nada distinto en su día a día. Sin embargo, esa presión mantenida en el interior de las arterias supone una carga constante para el sistema cardiovascular y puede acabar afectando al corazón, al cerebro o a los riñones.

Hablar de tensión alta no es referirse únicamente a un número elevado en el tensiómetro. La presión arterial refleja la fuerza con la que la sangre circula por el interior de los vasos sanguíneos. Cuando esa fuerza es excesiva de forma sostenida, las paredes arteriales sufren un desgaste progresivo que, con el tiempo, aumenta el riesgo de complicaciones graves.

Lo más relevante es que ese daño no aparece de manera brusca ni llamativa. Se acumula poco a poco, sin dar señales claras hasta que se manifiesta en forma de infarto, ictus o insuficiencia cardiaca. Por eso la hipertensión no se aborda solo cuando da problemas, sino mucho antes. Detectarla y controlarla a tiempo cambia el pronóstico y reduce de forma significativa la probabilidad de complicaciones futuras.

Qué es la hipertensión arterial y cuándo se considera tensión alta

La presión arterial se mide mediante dos cifras. La sistólica corresponde al momento en que el corazón se contrae y expulsa la sangre, mientras que la diastólica refleja la presión cuando el corazón se relaja entre latidos. Estas cifras varían a lo largo del día, pero cuando se mantienen elevadas de forma repetida se considera que existe hipertensión.

El diagnóstico no debe basarse en una única medición aislada. Es necesario realizar varias tomas en consulta o recurrir a monitorización ambulatoria durante 24 horas para confirmar que la elevación es persistente. De este modo se evita diagnosticar hipertensión en situaciones puntuales relacionadas con el estrés, el dolor o la ansiedad.

Desde el punto de vista clínico, distinguir entre una elevación ocasional y una hipertensión establecida es esencial, ya que el abordaje terapéutico dependerá de la persistencia de las cifras y del riesgo cardiovascular global del paciente. No todas las tensiones altas tienen el mismo significado ni implican el mismo nivel de riesgo.

Además, la valoración no se limita a un número concreto. La edad, los antecedentes familiares, la presencia de diabetes, colesterol elevado o enfermedad renal influyen en la interpretación de las cifras. La hipertensión no se entiende de forma aislada, sino dentro del contexto clínico de cada persona, lo que permite ajustar el seguimiento y el tratamiento de manera individualizada.

Por qué la hipertensión es una enfermedad silenciosa

Uno de los mayores problemas de la hipertensión es que no suele provocar síntomas claros en sus fases iniciales. A diferencia de otras enfermedades, no genera dolor ni malestar evidente que obligue a consultar. Esta falta de señales es lo que hace que muchas personas desconozcan que la padecen.

En algunos casos pueden aparecer dolores de cabeza, sensación de presión en la nuca o episodios de mareo, pero estos síntomas no son constantes ni exclusivos de la hipertensión. Muchas personas con cifras muy elevadas no presentan ningún síntoma llamativo, lo que refuerza la importancia de los controles periódicos.

Cuando la presión alcanza niveles muy altos de forma brusca pueden aparecer manifestaciones más graves como dolor torácico, alteraciones visuales o dificultad respiratoria. Estas situaciones no son habituales, pero requieren valoración urgente porque pueden asociarse a complicaciones agudas.

Causas y factores de riesgo de la hipertensión arterial

En la mayoría de los casos no existe una única causa concreta. La hipertensión primaria se desarrolla por la interacción de factores genéticos, envejecimiento vascular y hábitos de vida. Con el paso del tiempo, las arterias pierden elasticidad y se vuelven más rígidas, lo que favorece el aumento progresivo de la presión.

El exceso de peso, la dieta rica en sal, la falta de actividad física y el tabaquismo influyen directamente en la elevación de la tensión arterial. Además, la hipertensión suele coexistir con otras condiciones como la diabetes o el colesterol elevado, lo que incrementa el riesgo cardiovascular.

En un porcentaje menor de pacientes, la hipertensión es secundaria a enfermedades renales, alteraciones hormonales o determinados medicamentos. Identificar estos casos permite ajustar el tratamiento de manera específica.

Hipertensión en personas mayores

En edades avanzadas, el endurecimiento progresivo de las arterias favorece que aumente la presión sistólica, incluso cuando la diastólica se mantiene dentro de límites aceptables. Esta situación es especialmente frecuente en personas mayores de 65 años.

El tratamiento en este grupo debe individualizarse cuidadosamente. Un control demasiado estricto puede provocar bajadas bruscas de tensión, mareos o caídas. Por ello, el equilibrio entre control adecuado y seguridad es fundamental.

Cómo se diagnostica correctamente la hipertensión

El diagnóstico comienza con una medición adecuada en consulta, asegurando que el paciente esté en reposo y que el manguito se coloque correctamente. Pequeños errores técnicos pueden alterar los resultados y llevar a conclusiones equivocadas.

En muchos casos se recomienda realizar una monitorización ambulatoria de 24 horas. Esta prueba permite observar cómo se comporta la presión durante el día y la noche, identificando patrones que no siempre se detectan en consulta.

Además de confirmar las cifras, es importante valorar si la hipertensión ha afectado ya a órganos diana como el corazón, el riñón o los vasos sanguíneos. Para ello pueden solicitarse análisis de sangre, electrocardiograma o ecocardiograma.

La importancia del control domiciliario

Medirse la tensión en casa con dispositivos validados puede aportar información complementaria muy útil. Permite conocer cómo responde la presión en condiciones habituales y comprobar la eficacia del tratamiento.

Este control debe realizarse siguiendo las indicaciones médicas y no sustituye las revisiones periódicas, pero favorece una mayor implicación del paciente en el seguimiento de su enfermedad.

Tratamiento de la hipertensión arterial

El tratamiento combina cambios en el estilo de vida y medicación cuando es necesaria. En fases iniciales, reducir el consumo de sal, mantener un peso saludable y realizar actividad física regular puede disminuir significativamente las cifras de presión.

Cuando las cifras son más elevadas o existen otros factores de riesgo, se prescriben fármacos antihipertensivos. Estos actúan relajando los vasos sanguíneos, reduciendo el volumen de líquido circulante o disminuyendo la carga de trabajo del corazón. La elección depende de la situación clínica individual.

El seguimiento médico periódico es esencial para ajustar el tratamiento y comprobar que se alcanzan los objetivos terapéuticos sin efectos adversos relevantes.

Adherencia al tratamiento y prevención de complicaciones

Mantener la constancia en la toma de la medicación es uno de los pilares del control de la hipertensión. Abandonar el tratamiento sin supervisión médica puede provocar elevaciones bruscas de la presión y aumentar el riesgo de complicaciones.

El control adecuado no solo mejora una cifra en el tensiómetro, sino que reduce de forma significativa la probabilidad de sufrir infarto, ictus o insuficiencia cardiaca a largo plazo.

Qué puede ocurrir si no se controla la tensión alta

La hipertensión mantenida en el tiempo provoca cambios estructurales en el sistema cardiovascular. El corazón se ve obligado a trabajar contra una resistencia mayor de lo normal y, como respuesta, el músculo cardiaco puede engrosarse. Ese engrosamiento, que inicialmente es una adaptación, termina reduciendo la capacidad del corazón para bombear con eficacia y puede evolucionar hacia insuficiencia cardiaca.

El riesgo de ictus también aumenta de forma significativa cuando la presión arterial no está controlada. La tensión elevada daña progresivamente las paredes de las arterias cerebrales y favorece tanto la obstrucción como la rotura de vasos sanguíneos. Del mismo modo, los riñones pueden sufrir un deterioro gradual de su función, ya que sus pequeños vasos sanguíneos son especialmente sensibles a la presión alta mantenida.

Además del corazón, el cerebro y los riñones, otros territorios vasculares pueden verse afectados. La hipertensión contribuye al desarrollo de enfermedad arterial periférica y acelera el proceso de aterosclerosis, aumentando el riesgo de infarto de miocardio. Este daño no suele dar señales tempranas, pero se va acumulando con el paso de los años.

Por eso el control de la presión arterial no es una cuestión menor ni un simple ajuste de cifras en una consulta. Se trata de una intervención preventiva de primer orden, capaz de reducir de manera real la probabilidad de complicaciones graves y de preservar la autonomía y la calidad de vida a largo plazo.

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Preguntas frecuentes sobre la hipertensión arterial

La hipertensión arterial genera muchas dudas, especialmente cuando se diagnostica por primera vez o cuando aparecen cifras elevadas en una medición puntual. Resolver estas preguntas ayuda a comprender mejor qué significa tener la tensión alta, cuándo es preocupante y cómo debe manejarse para evitar complicaciones a largo plazo.

¿Cómo saber si tengo hipertensión?

La única forma fiable de saber si se tiene hipertensión es medir la presión arterial de forma correcta y repetida, ya que en la mayoría de los casos no produce síntomas evidentes. No es recomendable esperar a notar molestias, sino realizar controles periódicos, especialmente a partir de los 40 años o antes si existen factores de riesgo.

¿Qué cifras de tensión se consideran peligrosas?

Se considera hipertensión cuando las cifras se mantienen elevadas de forma persistente por encima de los valores recomendados en varias mediciones. Las elevaciones muy altas acompañadas de dolor torácico, dificultad respiratoria o síntomas neurológicos pueden indicar una urgencia hipertensiva y requieren valoración médica inmediata.

¿La hipertensión se puede curar definitivamente?

En la mayoría de los casos la hipertensión es una enfermedad crónica que no desaparece, pero puede controlarse de forma eficaz con cambios en el estilo de vida y tratamiento farmacológico cuando está indicado, reduciendo de manera significativa el riesgo de complicaciones.

¿Puedo hacer ejercicio si tengo tensión alta?

Sí, el ejercicio físico adaptado y supervisado suele formar parte del tratamiento, ya que ayuda a mejorar el control de la presión arterial y la salud cardiovascular en general, siempre que se realice bajo indicación médica y ajustado a la situación clínica individual.

¿Es normal tener la tensión más alta en consulta que en casa?

Sí, algunas personas presentan el llamado efecto bata blanca, que consiste en una elevación puntual de la presión en el entorno sanitario debido a nerviosismo o ansiedad. En estos casos puede ser útil realizar mediciones domiciliarias o monitorización ambulatoria para confirmar el diagnóstico.