El herpes labial es una afección sumamente frecuente causada principalmente por el virus del herpes simple tipo 1 (VHS-1). A diferencia de otras infecciones que el cuerpo elimina por completo, este virus tiene la particularidad de permanecer en nuestro organismo de por vida una vez que se produce el primer contacto. Se aloja de forma latente en los ganglios nerviosos y aprovecha momentos de debilidad del sistema inmunitario o factores externos para manifestarse nuevamente en forma de pequeñas ampollas en los labios o alrededor de la boca.
A pesar de que su aparición suele generar incomodidad estética y molestias físicas como picor o ardor, en la inmensa mayoría de los casos se trata de un proceso benigno que se resuelve de forma espontánea en un periodo de una a dos semanas. Es fundamental entender que tener un herpes labial no es un signo de falta de higiene, sino una condición vírica que afecta a una gran parte de la población mundial, a menudo contraída durante la infancia a través del contacto cercano con familiares.
La clave para gestionar correctamente un brote de herpes labial reside en la rapidez de actuación y en el conocimiento de las fases por las que atraviesa la lesión. Desde el Hospital La Antigua, queremos transmitir que, aunque no existe una cura definitiva que elimine el virus del cuerpo, disponemos de herramientas terapéuticas muy eficaces para reducir la duración de los síntomas y, sobre todo, para evitar las complicaciones derivadas de un contagio accidental a otras zonas del cuerpo o a personas vulnerables.
Cómo evoluciona una calentura y qué síntomas produce
La aparición del herpes labial sigue un patrón muy definido que los pacientes que lo sufren de forma recurrente suelen identificar con facilidad. Todo comienza con una fase prodrómica, en la que se siente un hormigueo, picor o quemazón en un punto concreto del labio, incluso antes de que sea visible cualquier marca. Esta etapa es la más importante desde el punto de vista del tratamiento, ya que la aplicación de antivirales en este preciso momento puede llegar a frenar la aparición de la ampolla o, al menos, reducir drásticamente su tamaño y gravedad.
Poco después del hormigueo inicial, surgen pequeñas vesículas llenas de un líquido transparente que suelen agruparse en racimos. Esta fase es la más dolorosa y también la de mayor riesgo de contagio, puesto que el líquido del interior de las ampollas contiene una carga vírica muy elevada. Con el paso de los días, estas vesículas se rompen, dejando una herida abierta y poco profunda que supura, para finalmente dar paso a la formación de una costra amarillenta o amarronada que indica que el proceso de curación está avanzando.
Finalmente, la costra se desprende de forma natural sin dejar cicatriz, a menos que se haya producido una infección bacteriana secundaria por manipular la zona de forma inadecuada. Todo este proceso suele durar entre siete y diez días, aunque el tiempo puede variar dependiendo de la salud general del paciente y de si se ha iniciado algún tratamiento médico. Es fundamental no intentar arrancar la costra ni explotar las ampollas, ya que esto solo retrasa la cicatrización y aumenta las probabilidades de que el virus se extienda a otras áreas de la cara.
Qué suele desencadenar un brote de herpes labial
Aunque el virus del herpes permanece dormido en las células nerviosas, existen ciertos detonantes que "despiertan" su replicación y provocan la salida de la lesión cutánea. Uno de los factores más comunes es la exposición prolongada a la radiación solar sin la protección adecuada, ya que los rayos ultravioleta debilitan temporalmente las defensas locales de la piel del labio. Por esta razón, muchas personas experimentan brotes coincidiendo con sus vacaciones de verano o tras realizar actividades de montaña.
El estrés emocional y el cansancio físico extremo son otros de los grandes aliados del herpes labial. Cuando el cuerpo se encuentra sometido a una carga alta de cortisol o falta de sueño, el sistema inmunitario baja la guardia, permitiendo que el virus se desplace por el nervio hasta la superficie de la piel. Del mismo modo, cualquier proceso febril o infección respiratoria previa (como un resfriado común o una gripe) puede actuar como catalizador, de ahí que en muchas regiones se llame a estas lesiones simplemente "calenturas" o "fiebres".
Existen también factores hormonales que influyen en la recurrencia del herpes, siendo frecuente que algunas mujeres noten brotes vinculados a su ciclo menstrual. Otros elementos como pequeños traumatismos en la zona del labio, tratamientos dentales agresivos o el frío intenso y la sequedad ambiental también pueden irritar la zona y favorecer la salida del virus. Identificar qué factor es el que afecta a cada paciente de forma individual es el primer paso para establecer una estrategia de prevención eficaz y reducir la frecuencia de los brotes anuales.