Toda la información médica a tu alcance

  • Todos

  • Especialidad/
    Unidad Médica

  • Especialista

  • Prueba Diagnóstica

  • Tratamiento

Actualidad

Herpes labial: qué hacer cuando aparece una calentura

miércoles, 4 de febrero de 2026

El herpes labial es una afección sumamente frecuente causada principalmente por el virus del herpes simple tipo 1 (VHS-1). A diferencia de otras infecciones que el cuerpo elimina por completo, este virus tiene la particularidad de permanecer en nuestro organismo de por vida una vez que se produce el primer contacto. Se aloja de forma latente en los ganglios nerviosos y aprovecha momentos de debilidad del sistema inmunitario o factores externos para manifestarse nuevamente en forma de pequeñas ampollas en los labios o alrededor de la boca.

A pesar de que su aparición suele generar incomodidad estética y molestias físicas como picor o ardor, en la inmensa mayoría de los casos se trata de un proceso benigno que se resuelve de forma espontánea en un periodo de una a dos semanas. Es fundamental entender que tener un herpes labial no es un signo de falta de higiene, sino una condición vírica que afecta a una gran parte de la población mundial, a menudo contraída durante la infancia a través del contacto cercano con familiares.

La clave para gestionar correctamente un brote de herpes labial reside en la rapidez de actuación y en el conocimiento de las fases por las que atraviesa la lesión. Desde el Hospital La Antigua, queremos transmitir que, aunque no existe una cura definitiva que elimine el virus del cuerpo, disponemos de herramientas terapéuticas muy eficaces para reducir la duración de los síntomas y, sobre todo, para evitar las complicaciones derivadas de un contagio accidental a otras zonas del cuerpo o a personas vulnerables.

Cómo evoluciona una calentura y qué síntomas produce

La aparición del herpes labial sigue un patrón muy definido que los pacientes que lo sufren de forma recurrente suelen identificar con facilidad. Todo comienza con una fase prodrómica, en la que se siente un hormigueo, picor o quemazón en un punto concreto del labio, incluso antes de que sea visible cualquier marca. Esta etapa es la más importante desde el punto de vista del tratamiento, ya que la aplicación de antivirales en este preciso momento puede llegar a frenar la aparición de la ampolla o, al menos, reducir drásticamente su tamaño y gravedad.

Poco después del hormigueo inicial, surgen pequeñas vesículas llenas de un líquido transparente que suelen agruparse en racimos. Esta fase es la más dolorosa y también la de mayor riesgo de contagio, puesto que el líquido del interior de las ampollas contiene una carga vírica muy elevada. Con el paso de los días, estas vesículas se rompen, dejando una herida abierta y poco profunda que supura, para finalmente dar paso a la formación de una costra amarillenta o amarronada que indica que el proceso de curación está avanzando.

Finalmente, la costra se desprende de forma natural sin dejar cicatriz, a menos que se haya producido una infección bacteriana secundaria por manipular la zona de forma inadecuada. Todo este proceso suele durar entre siete y diez días, aunque el tiempo puede variar dependiendo de la salud general del paciente y de si se ha iniciado algún tratamiento médico. Es fundamental no intentar arrancar la costra ni explotar las ampollas, ya que esto solo retrasa la cicatrización y aumenta las probabilidades de que el virus se extienda a otras áreas de la cara.

Qué suele desencadenar un brote de herpes labial

Aunque el virus del herpes permanece dormido en las células nerviosas, existen ciertos detonantes que "despiertan" su replicación y provocan la salida de la lesión cutánea. Uno de los factores más comunes es la exposición prolongada a la radiación solar sin la protección adecuada, ya que los rayos ultravioleta debilitan temporalmente las defensas locales de la piel del labio. Por esta razón, muchas personas experimentan brotes coincidiendo con sus vacaciones de verano o tras realizar actividades de montaña.

El estrés emocional y el cansancio físico extremo son otros de los grandes aliados del herpes labial. Cuando el cuerpo se encuentra sometido a una carga alta de cortisol o falta de sueño, el sistema inmunitario baja la guardia, permitiendo que el virus se desplace por el nervio hasta la superficie de la piel. Del mismo modo, cualquier proceso febril o infección respiratoria previa (como un resfriado común o una gripe) puede actuar como catalizador, de ahí que en muchas regiones se llame a estas lesiones simplemente "calenturas" o "fiebres".

Existen también factores hormonales que influyen en la recurrencia del herpes, siendo frecuente que algunas mujeres noten brotes vinculados a su ciclo menstrual. Otros elementos como pequeños traumatismos en la zona del labio, tratamientos dentales agresivos o el frío intenso y la sequedad ambiental también pueden irritar la zona y favorecer la salida del virus. Identificar qué factor es el que afecta a cada paciente de forma individual es el primer paso para establecer una estrategia de prevención eficaz y reducir la frecuencia de los brotes anuales.

Herpes labial recurrente: por qué aparece una y otra vez

Algunas personas apenas recuerdan haber tenido una calentura en toda su vida, mientras que otras conviven con brotes de herpes labial de forma recurrente, incluso varias veces al año. Esta diferencia no tiene que ver con una mayor “debilidad” personal ni con hábitos de higiene, sino con la manera en la que el sistema inmunitario de cada individuo mantiene al virus bajo control.

Tras la primera infección, el virus del herpes simple permanece latente en los ganglios nerviosos. Cuando las defensas funcionan de forma óptima, el virus se mantiene inactivo. Sin embargo, en situaciones de estrés mantenido, falta de descanso, infecciones intercurrentes o cambios hormonales, el equilibrio se rompe y el virus puede reactivarse con mayor facilidad. En estos casos, el herpes labial no es una enfermedad en sí misma, sino un indicador de que el organismo atraviesa un periodo de mayor vulnerabilidad.

En pacientes con brotes muy frecuentes, es importante valorar el contexto general de salud y no centrarse únicamente en la lesión del labio. Identificar los factores personales que desencadenan la reaparición del herpes permite plantear estrategias preventivas más eficaces y, en determinados casos, considerar tratamientos antivirales pautados por un profesional sanitario para reducir la frecuencia e intensidad de los episodios.

Cómo se contagia el herpes labial y cómo prevenirlo

El herpes labial es extremadamente contagioso, especialmente desde que aparece el primer hormigueo hasta que la costra está completamente seca. La vía principal de transmisión es el contacto directo piel con piel, como los besos, pero también puede transmitirse a través del uso compartido de objetos que hayan estado en contacto con la saliva o la lesión, como cubiertos, vasos, toallas de aseo o incluso protectores labiales. El virus es capaz de sobrevivir fuera del cuerpo el tiempo suficiente para pasar de una persona a otra en entornos cercanos y familiares.

Es importante señalar que una persona puede contagiar el virus incluso si no presenta una ampolla activa en ese momento, debido a lo que conocemos como eliminación asintomática, aunque el riesgo es significativamente menor que durante un brote visible. Para evitar la propagación, recomendamos evitar el contacto cercano con recién nacidos, mujeres embarazadas o personas con el sistema inmunitario comprometido, ya que en estos grupos el virus puede causar complicaciones más serias que una simple lesión en el labio.

La higiene de manos es la medida preventiva más sencilla y eficaz que existe. Si se toca la lesión para aplicar una crema o de forma accidental, es obligatorio lavarse las manos de inmediato con agua y jabón para evitar llevar el virus a los ojos (queratitis herpética) o a otras partes del cuerpo. Asimismo, durante la fase activa del herpes, se debe ser extremadamente cuidadoso con la higiene personal y no compartir ningún elemento que entre en contacto con la boca, manteniendo una disciplina estricta hasta que la costra desaparezca por completo.

Qué tratamientos ayudan a aliviar el herpes labial

El tratamiento del herpes labial tiene como objetivo principal aliviar el dolor, acelerar la cicatrización y limitar la replicación del virus. Los fármacos más utilizados son los antivirales, como el aciclovir o el penciclovir, que pueden administrarse en forma de cremas tópicas o mediante comprimidos orales. El tratamiento por vía oral suele reservarse para pacientes con brotes muy frecuentes, lesiones extensas o sistemas inmunitarios debilitados, y siempre debe ser pautado por un médico tras valorar el caso clínico.

Para que los antivirales tópicos sean realmente efectivos, deben aplicarse siguiendo rigurosamente las instrucciones de frecuencia, generalmente cada pocas horas, y siempre empezando ante la primera sospecha de hormigueo. Además de los antivirales, existen parches transparentes que cubren la ampolla, proporcionando un entorno de curación húmedo que acelera la regeneración de la piel y, al mismo tiempo, actúa como una barrera física para reducir el riesgo de contagio y evitar que el paciente se toque la herida.

En el caso de que la lesión presente signos de infección bacteriana, como pus, una inflamación excesiva o si el paciente comienza a tener fiebre persistente, es necesario acudir a consulta para valorar el uso de cremas antibióticas adicionales. En el Hospital La Antigua, recordamos que el uso de remedios caseros sin base científica, como el alcohol o el vinagre, suele ser contraproducente, ya que irritan la mucosa labial y pueden empeorar la herida, retrasando la curación natural y aumentando el malestar.

Cómo cuidar el labio mientras se cura

Durante el tiempo que dura el brote, el cuidado de la piel circundante es vital para evitar que la costra se rompa y sangre. Mantener la zona limpia y seca es el principio básico, lavando suavemente con un jabón neutro si es necesario. Si la costra está muy tirante y provoca dolor al hablar o comer, se puede aplicar una pequeña cantidad de vaselina pura o un bálsamo hidratante con un bastoncillo de algodón, siempre con cuidado de no contaminar el envase del producto.

La alimentación también puede jugar un papel de apoyo durante estos días. Es recomendable evitar alimentos muy ácidos (como cítricos o tomate), muy salados o picantes, ya que al contacto con la herida abierta o la ampolla pueden causar un dolor intenso. Beber abundante agua para mantener la hidratación general y utilizar protección solar específica para labios si se va a salir al exterior ayudará a que el tejido se recupere con mayor facilidad y se minimice la agresión de los factores ambientales.

Por último, es fundamental renovar los elementos de higiene que hayan estado en contacto directo con el brote una vez que este haya finalizado. Se aconseja cambiar el cepillo de dientes y desechar los labiales utilizados durante la fase activa para evitar una posible autoinfección inmediata. Estos pequeños detalles decorativos de higiene, sumados al tratamiento farmacológico adecuado, permiten que el episodio de herpes labial sea una molestia pasajera y no una complicación que se prolongue innecesariamente en el tiempo.

¿Cuándo conviene consultar al médico por un herpes labial?

Aunque el herpes labial suele ser un proceso leve y autolimitado, existen situaciones en las que es recomendable solicitar valoración médica. Si las lesiones son especialmente extensas, dolorosas o no muestran signos de mejoría tras el tiempo habitual de evolución, conviene descartar complicaciones o una sobreinfección bacteriana que requiera tratamiento específico.

También es aconsejable acudir a consulta cuando los brotes son muy frecuentes o interfieren de forma significativa con la vida diaria, ya que puede ser necesario ajustar el enfoque terapéutico o valorar el uso de antivirales por vía oral. La presencia de fiebre persistente, inflamación marcada o malestar general asociado al brote no debe normalizarse y justifica una evaluación clínica.

Especial atención merecen los casos en los que el herpes labial aparece en bebés, personas mayores o pacientes con el sistema inmunitario comprometido, así como cualquier síntoma ocular concomitante, como enrojecimiento, dolor o alteraciones visuales. En estos escenarios, una valoración médica precoz es clave para prevenir complicaciones y asegurar un manejo adecuado del proceso.

➡️ ¿Cómo puedo tener más información sobre el herpes labial?

 

Pues es muy sencillo, puedes llamarnos al teléfono 985 28 60 00.
Estaremos encantados de atenderte y resolver todas tus dudas.

Preguntas frecuentes sobre el herpes labial

El herpes labial suele generar muchas dudas, sobre todo en relación con el contagio, la duración de los brotes y las opciones reales de tratamiento. Aclarar estas cuestiones ayuda a manejar la lesión con mayor tranquilidad y a saber cuándo es suficiente con las medidas habituales y cuándo conviene consultar con un profesional sanitario.

¿Es posible eliminar el virus del herpes del cuerpo para siempre?

No. Actualmente no existe ningún tratamiento médico capaz de erradicar el virus del herpes simple del organismo. Tras la primera infección, el virus permanece latente en las células nerviosas durante toda la vida. La buena noticia es que muchas personas no vuelven a presentar brotes o lo hacen de forma muy esporádica.

¿Qué diferencia hay entre una calentura y una llaga en la boca?

El herpes labial aparece en el exterior del labio o en el borde de la boca y está causado por un virus contagioso. Las llagas o aftas suelen localizarse dentro de la boca, no son contagiosas y su origen no es vírico, sino traumático, inflamatorio o relacionado con el estrés o déficits nutricionales.

¿Cuánto tiempo es contagioso el herpes labial?

El herpes labial es contagioso desde el primer hormigueo hasta que la costra se cae por completo y la piel está totalmente curada. Mientras exista herida abierta o costra reciente, el virus puede seguir transmitiéndose. Por precaución, este periodo suele abarcar unos siete a diez días.

¿Se puede besar o compartir objetos si no hay ampolla visible?

Aunque el riesgo es mucho menor, el virus puede transmitirse incluso sin lesiones visibles debido a la eliminación asintomática. Por este motivo, si se nota hormigueo o sensación previa al brote, es recomendable evitar besos y no compartir objetos que entren en contacto con la boca.

¿El herpes labial es peligroso?

En personas sanas, el herpes labial suele ser un proceso leve y autolimitado. Sin embargo, puede causar complicaciones en bebés, personas mayores o pacientes con el sistema inmunitario debilitado, así como si afecta a los ojos. En estos casos, es importante consultar con un profesional sanitario.

¿Puedo prevenir los brotes de herpes labial?

No siempre es posible evitarlos por completo, pero identificar los factores desencadenantes personales —como el estrés, la exposición solar o el cansancio extremo— ayuda a reducir su frecuencia. En personas con brotes recurrentes, el médico puede valorar estrategias preventivas específicas.

¿Cuándo debo acudir al médico por un herpes labial?

Es recomendable consultar si los brotes son muy frecuentes, especialmente dolorosos, no cicatrizan en el tiempo habitual o se acompañan de fiebre persistente. También debe valorarse siempre en bebés, personas inmunodeprimidas o ante cualquier síntoma ocular.