Es muy común que, ante síntomas como hormigueos persistentes, debilidad en un brazo o un dolor que se irradia por la pierna, el médico solicite un electromiograma. Para muchos pacientes, el nombre de la prueba suena técnico y algo imponente, lo que suele generar cierta inquietud antes de acudir a la cita. Sin embargo, se trata de una herramienta diagnóstica fundamental y segura que permite "escuchar" cómo se comunican tus nervios y tus músculos.
Esta prueba es, en esencia, un estudio del sistema eléctrico de nuestro cuerpo. Así como un electricista comprueba el cableado de una casa para encontrar un fallo, el especialista utiliza el electromiograma para localizar con precisión dónde se está produciendo una interrupción o una alteración en la señal nerviosa. Entender en qué consiste y por qué es necesaria ayuda a afrontar la prueba con mucha más tranquilidad y menos nerviosismo.
Contar con un diagnóstico preciso es el primer paso indispensable para iniciar el tratamiento adecuado y recuperar la normalidad en tu vida. En Clínica Asturias sabemos que la tranquilidad del paciente es tan importante como la precisión técnica de la prueba. Por eso, entender qué sucede durante la consulta y cómo estos resultados guían a los especialistas permite transformar la incertidumbre inicial en la confianza de saber que estás dando el paso definitivo para encontrar el origen de tu molestia.
¿Qué es exactamente un electromiograma?
El electromiograma (EMG) es una técnica de diagnóstico médico que se utiliza para evaluar la salud de los músculos y las células nerviosas que los controlan, llamadas neuronas motoras. Estas neuronas transmiten señales eléctricas que hacen que los músculos se contraigan o se relajen. Cuando sentimos debilidad o pérdida de control en alguna parte del cuerpo, el EMG permite determinar si el problema reside en el propio músculo o si, por el contrario, es el "cableado" nervioso el que está fallando.
La prueba mide la actividad eléctrica en respuesta a un estímulo y también durante el reposo. Es importante saber que nuestros músculos siempre emiten señales eléctricas cuando trabajan; el especialista, mediante el uso de equipos avanzados, traduce esas señales en gráficos o sonidos que puede interpretar. Si un músculo no recibe la señal adecuada del nervio, su comportamiento eléctrico cambiará, lo que da pistas vitales sobre la naturaleza de la lesión.
A menudo, el electromiograma se realiza de forma conjunta con un estudio de conducción nerviosa (electroneurograma). Mientras que el EMG se centra en la respuesta del músculo, el estudio de conducción mide la velocidad y la intensidad con la que las señales viajan a través de los nervios. Ambas partes se complementan para ofrecer un mapa detallado de tu sistema neuromuscular, permitiendo descartar o confirmar patologías de forma muy precisa.