Las funciones vitales del cortisol: ¿Para qué sirve realmente?
A pesar de su mala fama, el cortisol es un regulador maestro. Una de sus tareas más importantes es el metabolismo de los nutrientes. Ayuda al cuerpo a decidir cómo utilizar los carbohidratos, las grasas y las proteínas que ingerimos. Por ejemplo, en periodos de ayuno o de esfuerzo físico, el cortisol estimula la producción de glucosa en el hígado para que el cerebro y los músculos no se queden sin combustible. Sin esta función, sufriríamos caídas de azúcar constantes y falta de energía vital.
Además de su papel energético, el cortisol tiene una función inmunomoduladora crucial. Seguramente habrás oído que los médicos recetan corticoides (que son versiones sintéticas del cortisol) para reducir la inflamación. De forma natural, nuestro propio cortisol controla la respuesta del sistema inmunitario para que no sea excesiva. Sin embargo, aquí es donde reside el arma de doble filo: niveles adecuados mantienen la inflamación a raya, pero niveles crónicamente altospueden terminar "apagando" nuestras defensas, haciéndonos más vulnerables a infecciones o retrasando la cicatrización de heridas.
El ritmo circadiano: el reloj interno del cortisol
Uno de los aspectos más fascinantes de esta hormona es que no se secreta de forma lineal a lo largo del día. Sigue lo que conocemos como ritmo circadiano, un ciclo biológico de aproximadamente 24 horas. En condiciones normales, los niveles de cortisol alcanzan su punto máximo a primera hora de la mañana, generalmente entre las 6:00 y las 8:00. Es este "pico" el que nos ayuda a despertarnos y nos proporciona la energía necesaria para empezar la jornada.
A medida que avanza el día, la producción de cortisol va descendiendo paulatinamente, llegando a sus niveles más bajos durante la noche, preferiblemente alrededor de la medianoche. Este descenso es fundamental para que otra hormona, la melatonina, pueda tomar el relevo y facilitarnos un sueño reparador. Cuando este ciclo se altera —por ejemplo, si tenemos picos de cortisol por la noche debido al estrés o al uso de pantallas—, aparecen los problemas de insomnio o la sensación de levantarse más cansado de lo que uno se acostó.
Cortisol alto o hipercortisolismo: señales de alerta
Cuando los niveles de cortisol se mantienen elevados de manera persistente, hablamos de hipercortisolismo. Es importante distinguir entre un pico puntual de estrés (que es una respuesta normal) y un estado de elevación crónica. En su forma más grave y patológica, el exceso crónico de cortisol se conoce como Síndrome de Cushing, una condición médica que requiere tratamiento especializado y que suele deberse a tumores benignos en la hipófisis o en las glándulas suprarrenales, o al uso prolongado de medicamentos corticoides.
Sin embargo, muchas personas experimentan niveles "subclínicos" de cortisol alto debido al estilo de vida actual. Los síntomas pueden ser sutiles al principio, pero con el tiempo afectan notablemente a la calidad de vida. No se trata de un solo síntoma, sino de un conjunto de señales que el cuerpo envía para decir que está operando en un estado de emergencia permanente.
Síntomas físicos del exceso de cortisol
Uno de los signos más característicos del cortisol alto es la redistribución de la grasa corporal. Los pacientes suelen notar que ganan peso principalmente en la zona abdominal y en la parte posterior del cuello, mientras que los brazos y las piernas pueden parecer más delgados. Esto ocurre porque el cortisol moviliza las grasas, pero tiende a depositarlas en los órganos viscerales.
Otros síntomas físicos frecuentes incluyen:
- Alteraciones en la piel: la piel puede volverse más fina y frágil, apareciendo hematomas con facilidad o estrías de color rojizo o purpúreo, especialmente en el abdomen y los muslos.
- Debilidad muscular: sensación de falta de fuerza, sobre todo al subir escaleras o levantarse de una silla.
- Tensión arterial elevada: el cortisol aumenta la sensibilidad de los vasos sanguíneos a otras hormonas que elevan la presión.
- Cicatrización lenta: las pequeñas heridas o cortes tardan más de lo habitual en curar.
Impacto en la salud mental y cognitiva
El cerebro es extremadamente sensible al cortisol. Cuando los niveles son excesivos, la función cognitiva se ve afectada. Es muy común la sensación de "niebla mental", dificultad para concentrarse o fallos de memoria a corto plazo. Esto sucede porque el cortisol alto puede afectar al hipocampo, la región del cerebro encargada del aprendizaje y la memoria.
En el plano emocional, el exceso de esta hormona suele manifestarse como irritabilidad, ansiedad persistente o una sensación de agobio ante tareas que antes resultaban sencillas. También está muy ligado a la depresión y a cambios bruscos de humor. El paciente siente que su sistema nervioso está "acelerado", pero a la vez se siente agotado, un estado que a menudo describimos como "cansancio con agitación”.